Ara Malikian

ARA MALIKIAN
Violín

Nació en el Líbano de padres armenios. Comenzó sus estudios de violín con su padre a muy temprana edad. Luego estudió en Hannover (Alemania) y Londres (Gran Bretaña).

Entre 1987 y 1995 es galardonado en los siguientes concursos internacionales: Concurso Internacional Felix Mendelsohn, Berlín (Alemania); Concurso Internacional Rodolfo Lipizer, Gorizia (Italia); Cocurso Internacional Zino Francescatti, Marsella (Francia); Concurso Internacional Juventudes Musicales, Belgrado (Yugoslavia); Concurso Internacional Niccolo Paganini, Genova (Italia), Concurso Internacioal Rameau, Le Mans (Francia), Concurso International Artist Guild, Nueva York (USA), Concurso Internacional Music Competition of Japan, Premio Concurso Internacional Pablo Sarasate, Pamplona (España). En 1993 recibió el Premio a La Dedicación y El Cumplimiento Artístico del Ministerio de Cultura Alemana.

Ha tocado en las mejores salas de música del mundo, en más de cuarenta países alrededor de cinco continentes: NewYork (Carnagie Hall), Los Angeles, Chicago, París (Salle Pleyel), Toronto (Ford Center), Viena (Musikverein), Madrid (Auditorio Nacional y Teatro Real), Zurich (Tonhalle), Londres (Barbican Center), Tokio, Estambul, Athen, Berlin, Venecia, Taipei, Hong Kong, Kuala Lumpur, Cuba… entre los más importantes.

Ha sido invitado a los festivales de música de Aspen, Colmar, Prades, Schleswig Holstein, Braunschweig, San Sebastián, Segovia, Bergen, Freden, Metlach y Praga.

También cabe destacar sus actuaciones con la Sinfónica de Bamberg, la Orquesta Sinfónica de Tokio, la Orquesta de Cámara de Londres, la Orquesta de Cámara de Zurich, la Sinfónica de Portugal, la Orquesta de Cámara de Tubingen, los Virtuosos de Moscú, la Filarmónica de Belgrado, la Orquesta de la Comunidad de Madrid, la Orquesta de Cámara de Toulouse, la Filarmónica de Armenia, y la Orquesta Sinfónica de Madrid, bajo la batuta de directore como Mariss Janssons, Jesús López Cobos, Miguel Angel Gómez Martínez, Vassili Sinaisky, Edmond de Stoutz, Luis Antonio García Navarro, Gudni Emilson, Juan José Mena, Jo Ann Falletta, Peter Maag, etc.

Una buena parte de su actividad artística la ha dedicado a estrenar obras de compositores contemporáneos: Franco Donatoni, Malcolm Lipkin, Luciano Chailly, Ladislav Kupkovic, Loris Tjeknavorian, Lawrence Roman y Yervand Yerkanian. Malikian es uno de los pocos violinistas que ejecutan recitales para violín solo: “Los integrales de los veinticuatro caprichos de Paganini” y “Las seis sonatas de Eugene Ysaÿe”.

Como solista tiene una amplia discografía que incluye títulos tan emblemáticos como “Las Cuatro Estaciones de Vivaldi” (con ventas de más de 80.000 copias para UNICEF), “Los Quintetos de W.A. Mozart y J. Brahms”, “Los Veinticuatro Caprichos de Nicolo Paganini”, Las tres Sonatas para Violín y Piano de R. Schumann,… entre otras piezas.

Actualmente es concertino de la Orquesta Sinfónica de Madrid y artista exclusivo de Warner Music.



24 CAPRICHOS PARA VIOLÍN, OP.1

Primera parte

Capricho Nº.1 en Mi Mayor  Andante
Capricho Nº.2 en Si Menor  Moderato
Capricho Nº. 3 en Mi Menor  Sostenuto y Presto
Capricho Nº.4 en Do Menor  Maestoso
Capricho Nº.5 en La Menor  Cadencia , Agitato y Cadencia
Capricho Nº.6 en Sol Menor  Adagio
Capricho Nº.7 en La Menor Posato
Capricho Nº.8 en Mi b Mayor  Maestoso
Capricho Nº. 9 en Mi Mayor  Allegretto
Capricho Nº.10 en Sol Menor  Vivace
Capricho Nº.11 en Do Mayor Andante, Presto y Andante

Segunda parte

Capricho Nº.12 La b Mayor  Allegro
Capricho Nº.13 en Si b Mayor  Allegro
Capricho Nº.14 en Mi b Mayor  Moderato
Capricho Nº. 15 en Mi Menor Posato
Capricho Nº.16 en Sol Menor Presto
Capricho Nº.17 Mi b Mayor  Sostenuto y Andante
Capricho Nº.18 en Do Mayor Corrente y Allegro
Capricho Nº.19 Mi b Mayor Lento y Allegro Assai
Capricho Nº.20 en Re Mayor  Allegretto
Capricho Nº. 21 en La Mayor  Amoroso y Presto
Capricho Nº.22  en Fa Mayor Marcato
Capricho Nº.23 en Mi b Mayor  Posato
Capricho Nº.24 en La Menor  Tema Quasi Presto y 11Variaciones y Finale




Notas al programa

PAGANINI Y LOS 24 CAPRICHOS PARA VIOLÍN SOLO.


“Solo he llorado tres veces en mi vida”, dijo en una ocasión Rossini. “La primera, con el fracaso de mi primera ópera; la segunda, en un barco... cuando un pavo relleno con trufas cayó al agua;  y la tercera, la primera vez que oí tocar a Paganini”.

Con el primer concierto de Viena, en 1828, se inician los éxitos triunfales de Paganini en toda Europa. El deseo unánime de escucharle llegó hasta el  punto de  obligarlo a permanecer fuera de Italia casi seis años entusiasmando a las masas con su arte incomparable. En sus giras de concertista por el exterior, las críticas adversas quedaban vencidas ante la perfección de sus ejecuciones. Paganini mismo lo afirmaba después de su primer concierto en Londres:  “Todas las opiniones contrarias se transformaron en elogios.”

Parte del atractivo de Paganini se debía a su aspecto cadavérico, y nada hizo él por disipar los rumores de que tenía un pacto con el diablo, pues conocía bien los valores publicitarios de tal fama. Él  manejó su carrera casi con tanta maestría como con la que tocaba el violín y fue el primer artista verdaderamente comercial que recorrió el continente europeo para cumplir una serie interminable de contratos y cosechar triunfos. En un solo concierto ganaba la suma igual a la que Schubert recibía por una serie de los suyos. Demacrado, desgarbado, vestido siempre de negro, acariciaba con sus enormes manos las delicadas cuerdas de su instrumento.
Fue acusado de avaricia, aunque está probada su generosidad : asistencia financiera constante a su madre y a sus familiares; donaciones a Héctor Berlioz, entonces pobre y desconocido para que pudiera dedicarse en cuerpo y alma a componer,  ayuda importante al violinista Carlos Bignami, salvándole de dificultades económicas; a la mujer que fue su compañera y a su hijo.
También tuvo fama de jugador y mujeriego e incluso llegó a estar encarcelado durante 10 días por un asunto con una muchacha de veinte años llamada Angelina Cavanna, con la que huyó y a la que dejó embarazada, con la consiguiente denuncia del padre de ésta por ser menor. De este episodio nace la leyenda de unos misteriosos delitos y de una larga condena carcelaria consolada con el violín y las lecciones del diablo; leyenda que lo acompañó toda su vida.

En cierta ocasión al ser entrevistado para un periódico de la época, hizo mención a un secreto que deseaba publicar una vez se hubiera retirado de sus conciertos. Según él, ninguna escuela de música conocía este secreto, mediante el cual, cualquier joven hubiera podido aprender a tocar  el violín en menos de tres años, siendo necesarios diez con los viejos sistemas. Se le preguntó varias veces si hablaba en serio y siempre contestó:

"Juro decir la verdad y lo autorizo a usted a mencionar esta promesa en mi biografía. Un hombre que tiene ahora 24 años, el señor Gaetano Ciandelli, de Nápoles, conoce mi secreto. Tocaba el violonchello de manera común y sus conciertos considerados mediocres, pasaban inadvertidos. Para ayudarlo le enseñé mi descubrimiento y lo transformé, de tal manera que todos aseguraban que había sucedido un milagro. Enseñé a Camilo Sivori, cuando tenía apenas siete años, las primeras combinaciones de la escala y en tres días, tocó diversas piezas y todos dijeron: Paganini ha hecho un milagro. Después de 14 días tocó en público. Mi secreto señala la vía para secundar mejor la naturaleza de los instrumentos y es mucho más fácil de lo que se piensa. No es por casualidad, sino a un estudio serio que debo este descubrimiento, gracias al cual no se está obligado a estudiar cuatro o cinco horas al día.”

Diversos violinistas y compositores de la época se sintieron fascinados por Paganini. Fetis, de manera  imparcial, analiza las extraordinarias innovaciones de Paganini, lo alaba también como compositor y recuerda las palabras de Rossini: “Es una suerte que Paganini no se haya dedicado exclusivamente a la composición lírica, pues hubiéramos encontrado en él un rival muy peligroso. Schumann, Schubert y Chopin, se impresionaron, no sólo por su técnica, sino por su personal interpretación.  Spohr, con reservas  sobre el interés de sus “acrobacias”, expresa:
“Su mano izquierda y su sonido siempre puro, me parecieron admirables”.  Meyerbeer dijo:  “Imaginad los efectos más sorprendentes del violín; soñad los prodigios de arte y de la melodía; Paganini sobrepasará todas vuestras expectativas” . Listz comentó:  “Una de las maravillas que la naturaleza parece enseñarnos una sola vez para mirarla lo más rápido posible; un milagro que el reino del arte ha visto una sola vez”.  Las palabras de Verdi fueron: “Es preciso haberlo oído, describirlo no es posible”.


LOS 24 CAPRICHOS,  op.1

Entre toda su producción, que incluye muchos grandes conciertos para violín, obras para viola, mucha música de cámara con guitarra,  y variaciones de virtuosísmo sobre temas populares. Destaca la serie de Veinticuatro Caprichos para Violín Solo en los que Paganini demuestra una gran imaginación técnica. Entre otros muchos efectos, perfeccionó el empleo de los armónicos artificiales del violín. En esta técnica, un dedo(el primero o el segundo) de la mano izquierda detiene la cuerda en un punto determinado, y otro (el tercero o el cuarto) la toca ligeramente a una distancia precisa del punto anterior, con lo cual el arco puede hacer vibrar la cuerda en varias secciones y no en su totalidad. A él no le bastaba obtener un armónico a la vez: él hacía sonar armónicos en dos cuerdas simultáneamente, pisando éstas con los dos primeros dedos y rozándolas con los otros.  Los sonidos armónicos que se obtienen de esta manera con el violín se asemejan a los de una flauta misteriosa, sonidos sibilantes con los que gustaba asombrar a su auditorio. Paganini era además un excelente guitarrista y le agradaba combinar la técnica de ambos instrumentos; así, se servía de algunos dedos de la mano izquierda(normalmente el meñique), para puntear la armonía mientras articulaba la melodía con los demás. Entre los virtuosos de aquella época, Paganini es uno de los pocos cuya obra ha sobrevivido a su fama y se sigue interpretando constantemente.  Gran parte de su música no la  publicó en vida, pues él prefería guardarse sus secretos para que sus rivales no pudieran imitarle. Los Caprichos son prácticamente las únicas obras que Paganini escribió y publicó con todo el cuidado y detalle.
Tiene diecinueve años cuando los compone en Génova en 1800.

El desarrollo sin precedentes de la utilización de las cuerdas dobles, incluidos los pasajes de virtuosismo, la ejecución sobre intervalos de décima, la utilización de armónicos artificiales deben considerarse, si no como innovaciones técnicas, por lo menos como exploración exhaustiva de las posibilidades del violín que Paganini fue el primero en llevar a buen término. Si los pizzicatos de la mano izquierda que acompañan un canto con el arco no son un invento suyo(Walther en su Hortulus Chelicus de 1688), Paganini sistematiza su uso en tempos muy rápidos.(Variación novena del capricho 24). Su staccato fue asimismo uno de los grandes motivos de admiración(capricho 10 y 21), así como su ricochet que utiliza el rebote natural del arco sobre las cuatro cuerdas(capricho 1) 

Los Caprichos constituyen la composición más original de Paganini: son el paradigma de su técnica y de su poética, cuya aplicación se extiende a sus restantes obras, tanto de cámara como sinfónicas. El editor Ricordi los incluye en su catálogo en 1818 y los publica dos años después. Llevan una dedicatoria:  “A los artistas”, es decir a todos aquellos músicos capaces de comprender los valores del arte de Nicolò, que se identifica con un valor absoluto de la música: el virtuosismo. La principal característica de los Caprichos es la de estar fundamentados en un criterio preciso: el de sacar el máximo partido de los recursos del violín. Todo, en la forma de la composición y en la calidad de las ideas musicales, está en función de este criterio. Y por esta razón se pueden comparar, en cuanto al rigor con que se concibieron y desarrollaron, con las grandes colecciones musicales de carácter” temático”: El clave bien temperado, de J.S.Bach; Il Cimento dell’a Armonia e dell’a Invenzione, de A. Vivaldi o de las Suites para clavicémbalo de F.Couperin y de Handel, 

Su investigación técnica dio origen a una serie de geniales y audaces innovaciones en el terreno del timbre, de la armonía y del ritmo. Para Nicolo, las posibilidades del instrumento no radicaban sólo en la agilidad, la velocidad, los difíciles golpes con el arco, cosas que ya existían en las escuelas violinísticas anteriores a él, sino en otras distintas, que F.Listz calificó acertadamente de “trascendentales”. Consistían éstas en la ampliación de las posibilidades de una sola cuerda, la cuarta; en la división de las funciones de la mano izquierda, empeñada a la vez en afinar las notas para el arco y, simultáneamente, en tocar por sí misma, en pizzicato, las cuerdas restantes; en el aprovechamiento de los armónicos simples y dobles, obtenidos con el roce de las cuerdas en la proximidad del puente, mientras los dedos de la mano izquierda las pulsan para conseguir la nota, logrando así efectos fantasmagóricos, de un sonido que se diría sobrenatural. Los Caprichos ofrecen una notable variedad en la estructura, gracias a la insistencia en ese método de composición conocido como “variaciones”, que consiste en trasformar una idea musical en todas sus posibles variantes.
 
Schumann y Listz, entre tantos otros, se refirieron ligeramente a los Caprichos para reproducir en el piano el fenómeno del virtuosismo paganiniano. En Schumann, la figura de Nicoló es la de un personaje a mitad de camino entre la literatura y la música; en Listz, la herencia del gran virtuoso se manifiesta de forma mucho más directa. De hecho, el sistema de variaciones a lo Paganini, destinado a regir todos los cimientos del virtuosismo instrumental, pasó directamente a la música para piano del compositor húngaro y arraigó en ella, difundiéndose por toda la Europa de la segunda mitad del siglo, de Brahms a Schonberg, y de Saint-Saëns a Ravel.

Miguel Ángel Navarro