Desde su creación, esta Orquesta ha ofrecido ya numerosos conciertos tanto dentro como fuera de nuestra Comunidad Autónoma y ha sido invitada al II Estío Musical Burgalés, al XLVII Festival de Teatro Clásico de Mérida, al Centro para o Estudo das Artes en Belgais (Portugal) donde actuó junto a la gran pianista Maria Joao Pires, etc.
En el campo de la creación musical y autores contemporáneos, la Orquesta de Extremadura ha estrenado las obras, "Pájaros Crepusculares" de Tomás Marco, en el Teatro Principal de Burgos, "La fuerza de la Tierra" de Zulema de la Cruz, obra encargo de la Consejería de Cultura, de la Junta de Extremadura, en el Teatro Romano de Mérida y la " Sinfonía nº 2 en dos movimientos - Extremadura" obra encargo de la Fundación Orquesta de Extremadura al compositor y director de orquesta Carlos Cruz de Castro, en el Gran Teatro de Cáceres. Así mismo se tiene ya encargada por la Fundación Orquesta de Extremadura, la obra estreno para mayo de 2004, al compositor Tomás Marco.Con la Orquesta de Extremadura, han colaborado diferentes directores invitados como Carlos Kalmar, Enrique Batiz, José Ramón Encinar, Giuseppe Lanzetta, Gloria Isabel Ramos, William Michael Costello, el director alemán y oboe solista de la Orquesta Filarmónica de Berlín Hansjörg Schellenberger, Octavio Calleya, Massimiliano Caldi, Gregorio Gutiérrez, Henrie Adams, Mercedes Padilla, etc. Prestigiosos solistas como María Joao Pires, Víctor Martín, Pepe Romero, Krystof Jakowicz, Olga Vilkomirskaia, Caio Pagano, Julia Malkova, Salvador Navarro, Ana Lucrecia García Tellería, Mª José Suárez, Soon Won Kang, Agustín Prunell-Friend, José Luís Estellés, Asier Polo, María Espada, Gustavo Peña, Ana Häsler, Enrique Baquerizo, Alexandre Delgado, Ara Malikian... etc, han desarrollado la calidad de nuestra Orquesta.
Durante la temporada 2003-2004 la Orquesta de Extremadura está desarrollando un ciclo de abonos en Badajoz, Cáceres, Mérida y Plasencia con la presencia de grandes maestros como: Elio Boncompagni, Lior Shandabal, Charles Olivieri Munroe, Yeruham Scherovsky, José Miguel Rodilla, Enrique Barrios,etc y solistas del prestigio de María Orán, Joaquín Achúcarro, Angel Jesús García, Orfeo Mandozzi, Marta Zabaleta, Nicolás Chumachenco, Adolfo Gutiérrez, Luís González, Viorel Tudor, Massimo Marcelli, etc.
La temporada 2003-2004 se completa con los ciclos de localidades en nuestra Comunidad, conciertos didácticos, conciertos extraordinarios, giras fuera de la Comunidad Autónoma, conciertos en familia y conciertos para jóvenes intérpretes.
Yeruham Scharovsky
Director
El
director israelí
Yeruham Scharovsky es Director Artístico y Director Principal
de la Orquesta Sinfónica de Brasil (Río de Janeiro)
desde octubre de 1998.Nace en Buenos Aires, Argentina, e inicia su educación musical estudiando flauta, contrabajo, composición y dirección bajo la tutela de los profesores del Conservatorio Nacional de Música de Buenos Aires y del Teatro Colón.
En Israel, se gradúa en la Academia de Música Jerusalem Rubin, con el Profesor Mendi Rodan. Desde entonces dirige en Israel, Estados Unidos, Alemania, Finlandia, Italia, Suecia, Francia, Dinamarca, Rusia, Latvia, Argentina, Brasil, Chile y Colombia, recibiendo unánimemente un éxito de crítica y público.Entre la orquestas que el Maestro Yeruham Scharovsky ha dirigido, cabe mencionar a la Orquesta Filarmónica de Israel, Orquesta Sinfónica de Berlín, Orquesta Sinfónica de Moscú, Orquesta de la Opera Nacional de Finlandia, Orquesta Filarmónica de San Petersburgo, Orquesta de la Nueva Opera de Israel, Orquesta Filarmónica de Riga, Orquesta de la Opera Nacional de Suecia, Orquesta de Cámara de Cannes, Orquesta Sinfónica de Jerusalén, Orquesta Filarmónica del Teatro Colón de Buenos Aires, Orquesta Filarmónica de Santiago, Orquesta Filarmónica de Colombia, Orquesta Filarmónica del Teatro Municipal de Sao Paulo, y la Orquesta Sinfónica de Brasil de Río de Janeiro.
Para la temporada 2002-2003, además de los conciertos con la Orquesta Sinfónica de Brasil, el Maestro Yeruham Scharovsky, es invitado para dirigir orquestas en Alemania, Estados Unidos, Canadá, Austria, España, Finlandia, Israel, Polonia, Méjico e Italia.
En 1990 Yeruham Scharovsky es elegido por el Maestro Zubin Mehta para recibir el premio “Young Artist of the Year Award”(Francoise Schapira Award). Desde entonces, tiene el privilegio de dirigir a la Orquesta Filarmónica de Israel en una gala-concierto, así como a las más importantes orquesta de Israel tanto en conciertos como en diversas grabaciones.
En noviembre de 1991, el Maestro Yeruham Scharovsky, es el primer director israelí invitado para dirigir a la Orquesta Filarmónica de Moscú, la Orquesta Filarmónica de Riga y a la Orquesta Filarmónica de Yaroslavel, a lo largo de una gira realizada por la URRS.
En abril de 2000, toma parte junto al Maestro Lorin Maazel en una serie de conciertos en el “Munchen Philarmonic Hall” (Alemania) dirigiendo a la Orquesta Sinfónica de Jerusalén y junto a la Orquesta de la Radio Bávara, en una serie de conciertos dedicados a la ciudad de Jerusalén.
Yeruham Scharovsky, y la Orquesta Sinfónica de Brasil, han grabado recientemente un compacto en el que se incluyen Oberturas y Preludios del compositor brasileño Carlos Gómez, así como un compacto en directo con Scherezade de Rimsky-Korsakov y el Concierto nº 4 de Beethoven junto al pianista Nelson Freire.
Entre los próximos compromisos de Yeruham Scharovsky y la Orquesta Sinfónica de Brasil cabe destacar una serie de giras por Israel y Europa para mayo de 2003.
Inicia
sus estudios musicales con Arantxa Rodríguez, para continuar
en el Conservatorio de San Sebastián con J. A. Medina.
Posteriormente se traslada a París, donde trabaja con
dedicación el repertorio francés con el profesor
Dominique Merlet. A continuación ingresa en la Escuela
Superior de Música Reina Sofía para estudiar con
insignes Maestros como D. D. Bashkirov, A. Povsun y G. Eguiazarova.
Fanfarre para Israel....................................................... Paul Ben Haim
Notas al programa
El conflicto, los exilios y la incierta búsqueda de identidad lejos de la tierra natal han marcado la obra y la existencia de los artistas errantes, en todos los casos a través del imprescindible viaje interior que requería cada talento creador; con abundante frecuencia a lo largo y ancho de sus peripecias vitales. Paul Ben Haim (1907-1984) no fue estrictamente un músico nómada. Conocido en su Alemania natal como Paul Frankenberger, nacido en Munich y formado como director de orquesta al lado de figuras tan destacadas como Knappersbusch o Walter, hubo de exiliarse a Palestina en 1933 debido a su ascendencia judía. Este emigrado de la quinta aliá (o quinto regreso masivo de hebreos a la Tierra Prometida), cultivó un estilo tradicional en la forma, y algo exótico en su estética: las connotaciones orientales se funden de manera delicada en un lenguaje musical tardorromántico, compartido con ilustres colegas como Vaughan-Williams. Reconocido pronto como el mejor compositor de Israel, redactó en 1950, el año en que su país sostuvo con la Transjordania de la época una lucha por disputas territoriales, esta Fanfare to Israel, un texto patriótico de buen efecto, que su asentada reputación equiparó a piezas similares de Copland o Berlioz.
Frédéric Chopin (1810-1849) ignoraba por completo que jamás volvería a Polonia cuando en 1829 emprendió una gira de conciertos que le fue llevando por Viena, Praga, Dresden y que acabaría estableciéndole definitivamente en París. La insurrección polaca de 1830 fue reprimida con dureza por el Imperio Ruso y Chopin, que había puesto infinitas esperanzas en el aliento revolucionario, evocó a partir de entonces con su música la patria de ensueño que no conoció, aquella Polonia grande, libre y caballeresca; la Polonia de sentimientos risueños y ardientes que ya era telón de fondo de su Segundo Concierto para piano. Compuesto en 1829, fue concebido como testimonio íntimo del amor que su autor sentía por una joven colega de Varsovia, Constantia Gladkowska, quien nunca supo de tal inclinación. En realidad se trata de su primer concierto, pero no pudo ser editado a tiempo por culpa del propio Chopin, que, viajando de París a Viena en 1830, perdió las partes de orquesta. Cuando por fin se publicó, aquel amor de adolescencia había sido suplantado por la pasión hacia otra mujer, la condesa Delphine Potocka, a quien fue definitivamente dedicado.
La obra de Johannes Brahms (1833-1897) debió cargar desde sus inicios con la responsabilidad de satisfacer las esperanzas de su maestro, Schumann, quien proclamando su nombre a la opinión general, manifestó el 23 de octubre de 1853, públicamente y por escrito, su entusiasmo ante el hecho de que “… debía aparecer un ser llamado a formular con perfección la expresión más elevada de su tiempo. Un ser que nos transmitiera su maestría, no mediante un desarrollo gradual, sino surgiendo, como Minerva, armado con el cerebro del hijo de Saturno. Y ahora ha llegado con sangre nueva. Las Gracias y los Héroes velaron su cuna. Se llama Johannes Brahms y es de Hamburgo…” Tales efusiones no hicieron más que aumentar el respeto del ya taciturno Brahms hacia la grandeza de las formas tradicionales, de manera que no fue hasta su edad madura cuando firmó la Primera Sinfonía, época en la que se había resignado por completo a vivir en Viena, tras varias tentativas infructuosas de conseguir una posición estable en su ciudad de origen. Así que cuando Hamburgo le rinde un homenaje abrumador aunque tardío, no duda en despacharse denunciando que “… dos veces el puesto vacante en la Filarmónica fue ofrecido a un extranjero mientras que a mí se me pasaba por alto. Si me lo hubieran ofrecido en el buen momento, me habría vuelto un buen y fiel ciudadano de la ciudad, habría podido casarme y ser un hombre como los demás. Ahora soy un vagabundo.” Apartado de sus raíces y las modas de su tiempo, debatiéndose y vacilando ante su confuso amor por Clara Schumann, Brahms fue madurando un corpus orquestal meditado y denso, grandioso en su monumentalidad catedralicia, quizá sólo superado en número por el testamento de Beethoven, cumbre de la realización humana, a la par que referencia y modelo de toda la posteridad.
Guillermo Alonso Iriarte